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cultura

EL ARTE DEL CANTO
Lisa Della Casa, Leopold Simoneau

ORQUESTA SINFÓNICA NACIONAL EN SOCORROS MUTUOS
Velada romántica en Ramos Mejía

DESDE SAN JUSTO ARTE LINEAL
Con estilo definido

ARTE
El sueño de Gustav Klimt

SOCIEDAD DE ESTÍMULO DE BELLAS ARTES DE RAMOS MEJÍA
Desfile de moda del siglo XIX

 

 

EL ARTE DEL CANTO

Lisa Della Casa

El estado de su voz, que siempre había sido de relativo caudal, no era especialmente brillante cuando esta famosa soprano se presentó en el Colón, pero cierta fatiga vocal no lograba empañar la belleza y dignidad de su canto. La homogeneidad de su registro, la pureza de su timbre, la técnica sin fallas y, lo último pero no lo menos importante, el profundo conocimiento del estilo mozartiano (también fue una eminente intérprete straussiana) completaban la personalidad de esta notable artista suiza que ha de figurar entre las más refinadas que han llegado al Teatro Colón en las últimas décadas. Todos los grandes teatros del mundo han inscripto en sus anales el nombre de esta soberbia cantante. El Met tuvo el privilegio de contar con ella en quince temporadas. La escuché en el Colón en mis tiempos de estudiante de canto. “Admirable”.

 

Leopold Simoneau

Una importante revelación fue la de este tenor canadiense. Cantante de gran clase, la notable belleza de su voz era sólo uno de los componentes de su personalidad artística. Voz mozartiana por excelencia (Simoneau no rehuía sin embargo transitar eventualmente otros caminos del repertorio lírico), este cantante debe figurar en los anales del Teatro Colón entre los mejores intérpretes de Mozart que hayan pisado su escenario. Manejaba su patrimonio vocal con una maestría que hacía de él un instrumento flexible y de gran riqueza de acentos, lucía una gran pureza de timbre y una dicción de notable claridad y empleaba la meda voz en forma no común, todo ello unido al buen gusto de su fraseo y la calidad de su estilo. También a él lo vi en el Colón. No tenía nada que envidiar a algunos “Monstruos sagrados y siempre en el candelero”.

 

Guillermo Abajian
Profesor Superior de Canto

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ORQUESTA SINFÓNICA NACIONAL EN SOCORROS MUTUOS

Velada romántica en Ramos Mejía

El maestro Darío Domínguez Xodo, director invitado, dio la señal para iniciar el concierto

Una vez más los amantes de la música clásica pudieron disfrutar de una noche mágica ante la presentación de la Orquesta Sinfónica Nacional en el salón de la Sociedad de Socorros Mutuos de Ramos Mejía. Como es habitual dentro de las actividades culturales que organiza la institución, el espectáculo fue gratuito y abierto a toda la comunidad.

Tras las palabras de bienvenida de Norberto Frasisti, presidente de Socorros Mutuos, la batuta del maestro Darío Domínguez Xodo, director invitado, dio la señal para iniciar el concierto.

La primera partitura interpretada por la orquesta fue la sinfonía Nº 6 en Re mayor, Op.60, de Antonín Dvorák, uno de los más grandes músicos checos, oriundo de la zona de Bohemia, perteneciente al romanticismo, quien desarrolló su obra en la segunda mitad del siglo XIX. Su composición más conocida es la «Sinfonía del Nuevo Mundo» en la que se aprecia una notable influencia musical de los conocidos «negros espirituales» americanos a los que tuvo acceso durante la etapa de su vida en la que residió en los EE.UU.

A continuación el público pudo disfrutar de la suite del ballet «Cascanueces» del compositor ruso Piotr Tchaicovsky, contemporáneo de Antonín Dvorák y también integrante del movimiento romántico.

«Cascanueces» junto al «Lago de los cisnes» son probablemente las obras más conocidas de este genial músico ruso, educado en su juventud para ser funcionario dado que su familia imaginaba un destino muy diferente para él. Sin embargo su talento se impuso tanto a esta circunstancia como a su tormentosa vida personal. «Cascanueces», escrito entre 1891 y 1892, surge al ponerle música a la adaptación de Alexandre Dumas del cuento de hadas «Cascanueces y el rey de los ratones» de Hoffman. La suite fue estrenada por el propio compositor en San Petersburgo.

El final del repertorio establecido en el programa implicó un viaje en el tiempo y en la geografía a la par de un cambio de estilo, viaje que terminó en el siglo XX y en la Argentina con la interpretación por parte de la Sinfónica Nacional de la suite del ballet «Estancia» escrita en 1941 por el gran compositor argentino Alberto Ginastera, uno de los más grandes músicos latinoamericanos. Identificado con la música académica contemporánea supo tener entre sus alumnos más famosos a Astor Piazzolla. Compuso junto al escritor Manuel Mujica Lainez la ópera «Bomarzo», obra que fue estrenada mundialmente en Washington en mayo de 1967 con el público ovacionándola de pie. El evento contó con todo el auspicio del gobierno de entonces por tratarse de un hecho de trascendencia para el país. Curiosamente, dos meses después, al parecer al tomar mayor conocimiento del contenido argumental de la ópera, el mismo gobierno la censuró y su presentación fue prohibida en el teatro Colón en razón de «preservar la moral pública». El gobierno en cuestión era la dictadura militar del general Juan Carlos Onganía. Como suele ocurrir, el devenir de la historia puso las cosas en su lugar.

Volviendo al concierto y ante el entusiasmo del público, la orquesta ofreció un bis. De nuevo al romanticismo clásico y al siglo XIX. Esta vez de la mano de quien tal vez fuera su más grande exponente, el compositor alemán Johannes Brahms cuyas «Danzas húngaras» fueron entonces el cierre de la velada.

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DESDE SAN JUSTO ARTE LINEAL

Con estilo definido

La artista junto a su obra

A los 38 años, Roxana Andrea Iraci Sareri, está segura que la pintura ocupa hoy un lugar importante en su vida y el tiempo que le dedica siempre se le hace corto, quizás porque lo que se hace con pasión se convierte en algo entretenido.

Hija de inmigrantes, padre italiano y madre española, Roxana nació en San Justo y está casada y con un hijo. Estudió en la Escuela de Bellas Artes Lola Mora y Leopoldo Marechal, obteniendo el título de Profesora en Artes Visuales con especialidad en Pintura. También se formó en la Fundación Gutenberg donde se recibió de Diseñadora Gráfica. Hace 20 años que trabaja en el Colegio Privado Juan de Garay de Rafael Castillo y da clases particulares.

Dedicarse a la pintura no era algo que tenía en mente, pero un día encontró los cuadros que había realizado en el profesorado en el sótano de su casa, con polvo y hasta con telas de arañas, se los puso enfrente, los limpió y al observar las obras interesantes que había logrado en ellos, se despertaron en ella nuevamente las ganas de pintar. Un ciclo distinto comenzaba para la artista que así lo explica:

«Me gusta pintar en madera por la superficie lisa que tiene y es más resistente que el bastidor, uso madera preparada, acrílicos y pinceles, luego los barnizo y les coloco el marco. Al principio los hacía yo misma, hasta que un día, al hacer uno de ellos, me serruché el dedo, por lo que acto seguido los empecé a mandar a un carpintero para que los terminara».

«A la técnica que empleo la denominé Estilo Lineal, ya que en mis obras las uso, y con ellas logro marcar lo que quiero: ritmos, movimientos, posiciones, direcciones, entre otras cosas. En 2010 diseñé mi página www.roxanairaci.com, donde tengo publicadas mis obras y trabajos de Diseño Gráfico. Realicé algunas exposiciones, entre ellas, en el Centro Cultural de San Justo, en un Restaurante muy conocido de allí y en el Rotary Club de Isidro Casanova. Mis temas son variados, pero mis preferidos son los animales, las bailarinas y los deportistas, ya que ellos se acercan más a lo que quiero expresar», sostiene con firmeza Roxana Andrea.

Consultas
www.roxanairaci.com
4485-3963 / 15-3600-3508

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ARTE

El sueño de Gustav Klimt

Adele Boch-Bauer I 1907. óleo y oro sobre lienzo 138 x 138

«El hombre duerme y pierde la pesadez del cuerpo.» (Rene Char)

Por el enorme ventanal que daba al patio se veían unos rojos intensos y unos verdes venecianos que hacían recordar las opulentas pinturas del Tiziano.

Afuera llovían gotones grandes con sol. En el interior de la sala contigua una mujer de rasgos indianos tejía ensimismada, mientras sus dos hijos chapoteaban en los charcos del patio. Me encontraba solo y todo me producía cierta extrañeza, como el tenue pasaje que va desde el sueño a la vigilia.

De pronto todo cesó y dejó de suceder en mi cabeza, todo fue quietud, y tan solo se oía el murmullo candoroso de los grillos brincando por la húmeda maleza del jardín. Ese repiqueteo era lo único que se destacaba del silencio reinante en aquella espejada habitación.

Una brisa húmeda y terrosa movía los finos tules de la sala, cuando el aire fresco y abundante inflaba los pulmones tensos de ambas cortinas, que anunciaban un primoroso atardecer. Entretanto, estaba divagando en cómo crece la obra de un artista, mientras su tiempo vital y cronológico se estrecha inexorablemente, como una puntual ecuación matemática, entre la vida, el amor y la muerte.

Fue entonces cuando recordé la figura atormentada de Gustav Klimt, con su gato negro en brazos, con su profunda mirada abismal, aquel pintor que había vestido de joyas y oropeles a las más hermosas y pálidas doncellas.

Luego miré una vez más la espaciosa sala, en la que se destacaba una bella muchacha que, como salida de un sueño, era una joven de lánguida cabellera, tan extensa que corría desde su frente hasta el rescoldo mas íntimo de su sexo.
Ella se veía totalmente descarnada con su pelvis cubierta de hierbas y unos ojos aceitunos que se destacaban en su notable blancura. Me acerqué a la obra con la lenta actitud que tienen los miopes y quise descubrir quién había firmado aquella pintura portentosa y al mismo tiempo angelical, entonces leí unas finas grafías, algo así como «g, klimt», con líneas imprecisas.

Al rato me senté en un mullido sillón de terciopelo rojo y así se fueron diluyendo todas esas pequeñas instancias y sin darme casi cuenta, me interné en la espesura de la noche, en ese límite imperceptible en donde todo puede tener cabida, en donde la razón se diluye y confunde con la más tierna fluidez del espíritu, o en la ansiedad más escabrosa, en ciertos estados de conciencia por los que debió pasar Klimt, para realizar esas imágenes irrepetibles. Por esos senderos intrincados de la mente humana adonde sólo llega un artista creador, para luego compartir las perlas obtenidas con la otredad del público, cuando él ya ha partido de la vida.

En el sueño también desfiló una obra de Gustav Klimt, que luego no encontré en catálogo alguno, esa muchacha de ojos negros, piel inmaculada y una cabellera que la cubría como una túnica soñada, que tanto podía ser un traje nupcial o una vaporosa mortaja. ¿Mas de dónde había sacado yo, esas locas alucinaciones?

En la supuesta ensoñación había multiplicado la mirada, la forma de ver un objeto, se había enriquecido el universo que me ceñía, el sueño había excedido la frontera del lenguaje, se había potenciado la pluralidad de mi extrañeza.
Debo decir que Gustav Klimt nació en 1862 en Baumgarten, una localidad cercana a Viena y que fue el segundo de siete hijos, su padre procedente de la Bohemia era orfebre y de allí debió heredar su pasión por el preciosismo de sus mujeres estilizadas y adornadas con ricos arabescos.

«Entre sueños, el hombre se duerme y se pierde la pesadez del cuerpo», sus obras son un culto a la belleza femenina en un entorno etéreo y encantado.

Una de las últimas obras de Klimt fue la serie de «La vida y la muerte», se puede decir que constituye una obra metafísica en donde el autor retoma sus viejas obsesiones.

Luego desperté con sobresalto de esa fluida avalancha de imágenes y confusas sensaciones, me encontré en la espaciosa sala, pero con las paredes blancas y desnudas. Aquel rosario de colores finos y perlados se había extinguido por completo, los gotones inmensos de lluvia con sol habían cesado de caer, los niños que chapoteaban en el barro se habían ido no se adónde.

Tan solo se oía el musical canturreo de los grillos sobre las brozas del jardín.

Colaboración de Francisco Hernández
creartefh@hotmail.com

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SOCIEDAD DE ESTÍMULO DE BELLAS ARTES DE RAMOS MEJÍA

Desfile de moda del siglo XIX

Tres modelos que representan distintas épocas

Una original muestra histórica «La ropa del primer centenario», enfocada en la evolución de la moda argentina a lo largo del siglo XIX, fue organizada por la Sociedad de Estímulo de Bellas Artes de Ramos Mejía. La vestimenta fue el punto de partida para, a partir de su descripción, adentrarse en las costumbres sociales de la época y en el desarrollo del diseño.

Se tomaron como modelos tres reconocidas mujeres de entonces con tres historias muy destacadas: María Sánchez de Thompson, Manuela Rosas, Felicia Guerrero, grabadas en el recuerdo colectivo por sus diminutivos, Mariquita, Manuelita y Felicitas.

El día de la inauguración, a lo que se podría denominar la exposición estática integrada por fotos de la época y una diversidad de elementos del vestuario femenino, se sumó una muestra dinámica con un desfile de modelos luciendo diferentes vestidos del siglo XIX. A medida que desfilaban el arquitecto Luis Romo comentaba todas las características de las distintas prendas, las circunstancias en las que se usaba cada una de ellas de acuerdo a la distinta posición social y cómo fue cambiando todo esto a lo largo de las tres etapas en las que se puede dividir la moda rioplatense de ese período. Una primera etapa que abarca desde la creación del virreinato en 1776 hasta el año 1830. La segunda etapa que va desde ese momento que coincide con el comienzo del primer gobierno de Rosas hasta 1870. Y la tercera que abarca hasta 1914 con el comienzo de la primera guerra mundial. Al mismo tiempo se fueron reseñando las biografías de las tres mujeres.

Todo el vestuario utilizado fue producto del diseño y la confección de una diseñadora local, Delia. El responsable de la fotografía fue Martín y la dirección de arte estuvo a cargo de Francisco.

Finalizada esta exposición, las actividades en Estímulo continuarán con una muestra de juguetes también orientada a resaltar el trabajo de su diseño y con una actividad especial programada para el domingo 12 de agosto en coincidencia con el día del niño. Luego vendrá una exposición de esculturas a partir del 18 de septiembre para volver en octubre a la moda, pero ya a la moda actual.

Salón primavera, escultura

El tradicional Salón Primavera que todos los años organiza la Sociedad de Estímulo de Bellas Artes de Ramos Mejía estará destinado este año a la escultura ya sea en metal, mármol, madera, yeso, cemento acrílico o técnicas mixtas. El prmer premio Vittorio Bergomi será de 1.500 pesos y el segundo premio 69º aniversario Estímulo será de 500 pesos. Las obras se podrán presentar del 3 al 13 de septiembre y la apertura de la muestra con el anuncio de los ganadores será el 18 de septiembre en coincidencia con el festejo del aniversario de la institución.

Para consultar las bases y condiciones del concurso se pueden dirigir a la sede de Estímulo, Castelli 129, por teléfono al 4656-8904 o por mail a estimulobellasartes@speedy.com.ar.

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