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No sirve hacer las cosas de cualquier manera

Durante el mes de julio trasladarse por Ramos Mejía fue un verdadero dolor de cabeza. Alvarado, Bolívar, Suipacha, Castelli, Alvear, Cangallo, por sólo nombrar algunas de las calles más céntricas, estuvieron cortadas en forma casi simultánea y sin ningún apoyo del personal de tránsito para ordenar mínimamente la circulación de los vehículos. Para completar el caos, como si éste fuera precisamente el objetivo buscado, durante muchos días estuvieron también cerrados por reparación los pasos a nivel centrales.

Es probable que si algún funcionario lee estas líneas argumente que «si no hacemos se quejan porque no hacemos y si hacemos se quejan porque hacemos».

Pero no se trata de hacer de cualquier manera sin un mínimo de planificación. Bienvenidas las obras, pero no se puede complicar de esta manera la vida cotidiana de los vecinos, máxime si con un poquito de sentido común, orden y coherencia se pueden evitar la mayor parte de los trastornos. No puede ser que los cortes de calles queden librados al criterio o al impulso del momento de los integrantes de las cuadrillas a los que en más de una ocasión se los podía ver poniendo aquí o allá los letreros para desviar el tránsito sin responder a un plan o a una necesidad real. Hay cuadras que permanecieron cortadas días enteros sin que se trabajara en ellas.

Del mismo modo se hace difícil entender con qué criterio se organizan los trabajos de construcción de rampas en las esquinas destinadas a facilitar la movilidad de las personas que se trasladan en sillas de ruedas. Desde hace unos meses se pueden observar, tanto en Ramos Mejía como en San Justo, cuadrillas cada vez más numerosas, en ocasiones de más de 20 operarios de ambos sexos pertenecientes a los planes sociales, que son destinados a una esquina para realizar las bajadas.

Como es lógico, es imposible que trabajen todos a la vez en el mismo lugar. Y tampoco se les suministra herramientas para todos por lo que es común ver a la mayoría amontonada sin hacer nada mientas tres o cuatro trabajan.

Está muy bien que se promueva el trabajo y el estado municipal genere una alternativa de empleo para quien no está encontrando otra salida laboral. Y está muy bien que se construyan rampas para discapacitados. Pero por qué no se puede hacer con eficiencia. Sería beneficioso para todos. Para el municipio que podría realizar más obras, para los contribuyentes que verían que los recursos son bien utilizados y para los propios trabajadores que se sentirían mucho más útiles.

La obra pública es una herramienta básica de gestión. Su correcta planificación de acuerdo a las necesidades y a los recursos tiene una influencia decisiva en la calidad de vida de los vecinos. Llevarla a cabo de cualquier manera sólo para mostrar que se hacen cosas es un lamentable desperdicio de oportunidades de mejorar.

Nos reencontramos en septiembre con un pie en la primavera.

 



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