Periódico mensual de distribución gratuita Zona Oeste, Gran Buenos Aires, Argentina
Año XVI - Nº 181
ABRIL
2017
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CURIOSO MONUMENTO

La coima, esa cosa tan nuestra

No se puede asegurar con total certeza pero tal vez la Argentina sea el único país en el mundo que cuenta con un monumento a la coima. Y no podría tener un marco más adecuado. Está emplazado en el segundo piso del emblemático edificio que durante décadas y hasta no hace mucho tiempo fue la sede del Ministerio de Obras Públicas, ubicado en la intersección de las avenidas Belgrano y 9 de Julio en la Capital Federal.

El gigante blanco de 22 pisos y 93 metros de alto, que aún hoy se destaca en la arquitectura de la zona, fue construido en la década del 30 y para la época fue una construcción imponente. La estatua refleja con claridad la actitud de una persona que está recibiendo un soborno, al menos años atrás ya que hoy se hace con más desparpajo, con la mano ávida, abierta a un costado del cuerpo mientras la mirada disimulada apunta hacia otro lado. Fue colocada en su ubicación en el año 1933.

La leyenda dice que este curioso monumento, estilo Art Decó, totalmente fuera de contexto en el lugar en que se encuentra, fue una iniciativa de quien estaba a cargo de la construcción del edificio, José Hortal, Director Nacional de Arquitectura, quien quiso de esta manera simbolizar, y probablemente mostrar su enojo frente a las dificultades que la corrupción de entonces le puso en el camino para poder terminar la obra en los tiempos previstos. Como si fuera una marca de nacimiento, un lugar predestinado a albergar negociados por el resto de la historia.

Abona también la leyenda el hecho de que la escultura no estuviera prevista en los planos originales ni existe ningún documento oficial que la mencione y tampoco se sabe a ciencia cierta quién fue su autor aunque algunas versiones se lo atribuyen al escultor Troiano Troiani.

Dudas al margen, lo cierto es que allí está reflejando esta costumbre tan arraigada en nuestra identidad y que tantos perjuicios nos ha traído y nos trae. Si es cierto que es única en el mundo se debería empezar ya con los trámites para incluirla en el Guinness y que se convierta en un atractivo turístico. Y si no es cierto, seguramente se puede “arreglar”, ver a quién se puede “tocar” y la anotamos igual.




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