Cultura y agenda

Guía completa de estilos de cerveza artesanal y cómo elegirlos en la zona oeste

Desde las refrescantes lagers hasta las potentes stouts, esta guía te ayuda a entender las diferencias entre los principales estilos de cerveza artesanal para que sepas qué pedir en tu bar favorito de Ramos Mejía o La Matanza.

Publicado el

Canilla sirviendo cerveza artesanal en un vaso con espuma
(CC BY 4.0 — libre difusión con atribución a Q Company)

La cerveza artesanal dejó de ser una novedad para convertirse en parte del paisaje habitual de la zona oeste. En Ramos Mejía, San Justo, Lomas del Mirador o Villa Luzuriaga, cada vez más bares y comercios incorporan estilos variados que van más allá de la rubia de siempre. Conocer las diferencias entre ellos no solo te permite disfrutar más, sino elegir mejor según el momento, el clima o la comida que acompañe.

Empecemos por lo básico: las cervezas se dividen principalmente en dos grandes familias según su levadura. Las ales fermentan a temperaturas más altas y suelen tener sabores más complejos y frutados. Las lagers, en cambio, fermentan en frío y tienden a ser más limpias y refrescantes. En la práctica, casi todos los estilos que vas a encontrar en los bares de La Matanza entran en una de estas dos categorías.

Las lagers claras son las más fáciles de tomar para quien recién se acerca al mundo craft. Tienen bajo amargor, carbonatación viva y un final seco. Son ideales para el calor del verano en el oeste, cuando uno busca algo que se beba fácil sin cansar el paladar. En locales de Ramos Mejía es común verlas acompañando una picada liviana o un choripán de los que se hacen en la feria de los domingos.

Las pilsner representan un paso más interesante dentro de las lagers. Mantienen esa limpieza pero agregan un amargor herbal más notorio gracias al lúpulo. Tienen un perfil más seco y crujiente, perfecto para maridar con quesos suaves o fiambres. Muchos bartenders de la zona las recomiendan como puerta de entrada para quienes vienen de tomar solo industriales.

Pasando a las ales, las pale ales son el corazón de la movida artesanal local. Con un equilibrio entre malta y lúpulo, suelen tener notas cítricas y un amargor medio. Son versátiles: van bien con una hamburguesa del barrio, con milanesa o incluso con un plato de pastas. En los bares de Villa Luzuriaga y San Justo es habitual encontrarlas en rotación permanente.

Las IPAs (India Pale Ales) son las que más ruido hacen. Más lupuladas, con mayor amargor y aromas que van desde el pomelo hasta el pino o la resina. Hay quienes las aman por su potencia y otros que las encuentran demasiado agresivas. En la zona oeste se ven cada vez más versiones locales que bajaron un poco el IBU para hacerlas más bebibles sin perder carácter. Son ideales para acompañar comidas bien condimentadas o picantes.

Las session IPAs vienen a resolver el problema de las IPAs tradicionales: entregan mucho aroma y sabor pero con menos alcohol, para poder tomar más de una sin que se te suba. Son una gran opción para las juntadas largas en los patios de Ramos Mejía durante la primavera.

Dentro de las ales más oscuras, las brown ales ofrecen un perfil maltoso con notas a nuez, caramelo y chocolate suave. No son dulces, pero sí reconfortantes. Van de maravilla con carnes rojas a la parrilla, un clásico de los fines de semana en La Matanza.

Las porters y stouts son las reinas del invierno. Las primeras suelen ser más livianas, con sabor a café y chocolate amargo. Las stouts, especialmente las irlandesas o las imperiales, tienen cuerpo más denso, casi cremoso, y mayor graduación alcohólica. En los bares de la zona que tienen growlers o tiradas especiales, pedir una stout en junio o julio es casi un ritual.

No podemos olvidarnos de las cervezas de trigo. Las witbier belgas, con su turbidez característica y notas de naranja y cilantro, son refrescantes y livianas. Las hefeweizen alemanas, en cambio, tienen un perfil más a banana y clavo de olor. Ambas son excelentes para acompañar ensaladas o pescados, algo que cada vez se ve más en las cartas de los nuevos lugares de González Catán o Isidro Casanova.

Las sour o ácidas ganaron terreno en los últimos años. Con acidez pronunciada, a veces con frutas agregadas, son ideales para el verano porque refrescan como una limonada pero con alcohol. En la zona oeste todavía no son tan masivas, pero varios bares de Ramos Mejía ya las tienen en rotación y suelen ser la sorpresa de la noche para quienes se animan.

Las barley wines y las imperial stouts cierran el círculo de las cervezas para ocasiones especiales. Altas en alcohol, envejecidas a veces en barricas de whisky o vino, son para tomar despacio, casi como un whisky. No son para todos los días, pero cuando aparecen en un evento o en la carta de un bar de la zona, vale la pena probarlas.

A la hora de elegir, pensá en tres cosas: clima, comida y ánimo. En los días de mucho calor en La Matanza, una lager o una witbier es casi siempre la mejor decisión. Si vas a comer algo pesado o a la parrilla, una brown o una porter equilibran perfecto. Si querés experimentar y charlar de sabores, pedí una IPA o una sour y compartí opiniones con los que están en la barra.

En la zona oeste el movimiento artesanal sigue creciendo. Cada vez hay más locales que rotan sus canillas y traen estilos nuevos de cervecerías de Morón, Haedo o incluso de productores locales de La Matanza. El consejo de barrio es siempre el mismo: preguntale al que está atrás de la barra. Ellos conocen sus productos y suelen tener recomendaciones precisas según lo que estés buscando.

La próxima vez que salgas por Ramos Mejía o cualquiera de los barrios del partido, llevá esta guía mental. No se trata de volverse un experto, sino de disfrutar más cada vaso y entender por qué ese estilo funciona mejor que otro en ese momento. La cerveza artesanal es, al final, una excusa más para encontrarse, charlar y pasar un buen rato con amigos.

← Volver al blog